Gracias a esa puerta abierta por Darwin y, por supuesto, a las nuevas tecnologías y a los descubrimientos de la Ciencia, comenzamos entrever el auténtico tejido de la Evolución. Tal concepto cambia hacia la "Coevolución", que describe un modo más interactivo de operar los diversos conjuntos de hábitats y especies, que se organizan en un concierto tan local como global. La conservación de las especies sólo es viable con la efectiva protección de los hábitats.
La existencia de esos otros aislamientos no marinos puede conservar especies que se hallen en procesos de regresión o extinción por cambios en el resto de sus áreas de distribución. Esos taxones, relictos en zonas donde se conservan unas condiciones más parecidas a las originales a las que se adaptaron, acabarán diferenciándose de otras similares que sí consiguen adaptarse a los cambios. En Galicia contamos con numerosos ejemplos de esta circunstancia.
El aislamiento insular no es, ni mucho menos, el único de los posibles aislamientos naturales, ya que las cordilleras y otros factores o accidentes pueden funcionar de modo similar a como los mares lo hacen. El mar contribuye de modo muy eficaz a que, atendiendo a las diferencias zonales, se generen y consoliden las nuevas y diversas adaptaciones específicas a las condiciones propias de cada reducto. Las islas, por tanto suponen poderosos motores para la diversificación.
El gran naturalista y genial pionero Charles Darwin desarrolló sus más que influyentes y brillantes descubrimientos y aportaciones al conocimiento sobre la Evolución de las Especies durante el épico viaje del "Beagle". Durante este periplo, fue inspirado por sus notables observaciones sobre un conjunto de medios insulares... No resulta extraño que sucediese de este modo ya que la insularidad es una poderosa espoleta evolutiva que trabaja en diversos sentidos, con frecuencia complementario.
Este fotograma está tomado de una de las animaciones introductorias realizadas para el documental "O segredo da illa de Ons". (R3D-diseño)
El plano muestra un sentido prácticamente sobre el eje Sur-Norte, a una altura de unos 400 metros y con una profundidad de campo de unos 6.000 metros.
En la imagen generada por ordenador se aprecia la illa de Ons en segundo término, separada apenas por unos centenares de metros del illote de Onza, situado en primer término.